La lluvia en Barcelona significa sexo para las escort

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Vivir en la ciudad condal está muy bien, pero también cuando llueve lo hace de verdad. No sé lo que pasa, pero cada vez que llueve el trabajo se multiplica y recibo más llamadas de lo normal. Así que me toca mirar la agenda de manera concienzuda, la agenda de una Escort Barcelona.

No me gusta trabajar muchas horas, tengo la suerte de tener unas tarifas más bien carillas, lo que hacen posible que pueda dedicar buen tiempo a mis clientes, lo que me granjea buena fama y así el resto del día puedo dedicarme a cuidarme, ir al gimnasio, etc.

Al final un hombre de 43 años casado era la cita que tenía para este día lluvioso y dependiendo de cómo fuera, quizás me animaría llamando a un segundo cliente que esperaba. Desde el primer momento que le vi me sorprendió gratamente.

Ver a un hombre que se cuida y culto siempre gusta, tenía culazo y entre sus chinos adivinaba que tenía una buena polla. El hombre me dijo que dejó el coche aparcado algo lejos de mi casa y que necesitaba algo caliente, como me dio buena impresión le dije que me acompañara a la cocina, donde le hice un café.

Nos reímos mucho, porque le conté que normalmente mis clientes no pasan de la habitación y del baño. El caso es que me dijo que quería recompensarme y lo que vino fue salvaje, me subió a la encimera y me penetró, estuvimos como 15 minutos follando el de pie y yo subido a él. Tremendo polvo el que me metió.

Sexo salvaje y a la vez cariñoso el que tuve las dos horas que contrató, vamos una auténtica gozada. Era un hombre casado que necesitaba tener estas experiencias ya que la llama del amor entre su pareja y él se apagaba. Sospechaba de un compañero de trabajo.

Le dije que si seguía notándose así que fuera claro y sino contactara con un detective privado para que así no pudiera tener excusas. La despedida con él fue otro polvo en la ducha de esos que realmente te dejan un abrazo cuerpo a cuerpo que no se olvida.

Me dijo que si volvía es que no se había arreglado y a veces me acuerdo de él, nunca supe si se arregló o no, lo que sí que sé es que no he olvidado aquel sexo en la cocina que me dejó alucinada.

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