Yo, Yo misma y mi jefe

relato-erotico

Llevo mucho tiempo en esta empresa y siempre me he sentido muy intimidada por mis jefes, bien sea por autoridad, subordinación o también porque me da un no sé qué, qué qué se yo cuando veo a Roger, como podéis suponer, es mi jefe…

Bien pues hace unas semanas él se ha separado de su mujer que parecía más bien un orco y no me digáis por qué siento que me mira y me desnuda cada vez que pasa por detrás de mí en la cadena de montaje. Qué queréis que os diga, si surge algo, yo me voy a dejar llevar.

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20 de Diciembre, esa fecha en la que a más de uno le da una pereza increíble a acudir a una cita muy protocolaria en las empresas, sí , efectivamente hablo de la cena de empresa…

Allí estábamos todos, María, Puri, Ramón y Luís, mis compis preferidos de la empresa, que son casi como mi familia, y también estaba Roger. ¡Pero que culazo y paquetorro que tiene!

Bueno, la cena transcurrió como siempre, y llegó la hora de la fiesta, tuve un pequeño acercamiento con mi jefe, y allí en medio de la pista comenzamos a bailar, o como se conoce ahora,  perrear.

Comenzamos a arrimar mis nalgas a su entrepierna, y su pene comenzó a despertarse… Luego me giré y ahí ya explotamos los dos en un apasionado morreo en que lenguas, saliva y deseo se juntaron para no parar de meternos mano delante de nuestros compañeros.

De ahí nos fuimos a los baños para follar como locos. El me metió en una sala que era de la limpieza y me arrancó las bragas para comerme y correrme en su boca allí misma. Después con mis fluidos comencé a pajearle y a penetrarme hasta gemir los dos.

Pasaron los días y los dos nos buscábamos la mirada por la fábrica, y en los descansos nos veíamos en su despacho para hacerle una mamadita o el comerme un poquito y saciarnos hasta que llegara la noche y tuviéramos el sexo más loco y desenfrenado en su apartamento al lado del centro de Barcelona.

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Así han ido transcurriendo los días y los dos cada vez estamos más enganchados el uno al otro por meternos entre las sábanas de uno o del otro y disfrutar del placer sexual que nos proporcionamos.

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